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Carrera de montaña Vall Congost 2012

Estaba nervioso. Reconozco que en la salida estaba bastante nerviosillo. Y no era por lo que había delante. Ni la distancia en kilómetros, ni la zona por donde se corría, ni la gente que tenía alrededor era muy distinta de los últimos años. Repasé rapido y conté las veces que me había puesto un dorsal en la Vall del Congost: me salieron 1,2,3,4,5…y 6 veces en los distintos formatos por los que había pasado la carrera. Los dos eramos, por tanto, viejos conocidos….

Ah, va a ser por eso. Los nervios eran por eso. Primera prueba con 40 años, estreno de carrera en categoría veteranos. Ja,ja,ja… Como si los demás no cumplieran años. Seguro que conmigo un buen puñado más de corredores habían dejado atrás  la etiqueta de senior. O quizás era por la “funda” que llevaba. Una camiseta nueva con un montón de “letreros” y un demonio en la espalda. Un tridente a la altura de los riñones que pincha en los repechos donde las piernas mandan mensajes que no quieres oir. Un enano con cuernos que se sienta en tu hombro en las bajadas para decirte: “más deprisa, más deprisa”. Vivegredos, en oro y negro, esconde detrás toda la ilusión de una familia volcada con el turismo rural y con la gente que les visita para disfrutarlo. GR10, la tienda de Espe, lejos de aquí pero tan relacionada con la montaña como lo que yo iba a hacer. Y un trocito, en forma de inicial más apellido de la empresa del amigo Iñaky: iberzal. Todo esto, pegado en un trozo de tela, me envolvía y me abrazaba haciendome sentir parte de algo que todavía no se muy bien que es pero que me hace estar agusto. Seguro que esto, Dani, también me hacía estar nervioso.

Pero estabamos en la línea de salida. Allí nadie se acercaba al arco, nadie tenía prisa por ser el primero. Desde 10 la cuenta atrás fue por megáfono y entre todos… A correr. El primer tramo había variado este año y se adivinaba más rápido que otros años. Así fué. Galgos y galguitos salieron en busca de la primera subida estirando un grupo que pronto, antes que otros años, se hizo largo y multicolor. A todos los niveles, siempre es una carrera donde se habla mucho. La gente esta parlanchina y es agradable y saludando a todos. Cuando la subida lo manda, las palabras se cambian por jadeos y las sonrisas por sudores. En la Vall del Congost el perfil de carrera no deja opción a nada que no sea subir o bajar. Solo algunas zonas de trote te van sirviendo de test para saber cómo vas… Respecto a otros años.

 

Mis sensaciones eran buenas y aunque en las bajadas sigo perdiendo la mayoría de lo que gano, subiendo llegué al castillo de Tagamanent, tras exprimirme en el Purgatorio con buenas piernas, llevaba poco más de 3 horas. Al empezar a bajar ya sabía que mi asignatura de cada año era la subida a la Trona… Pero iba convencido y con fuerzas. Bajada reservona y… ¡No me lo creía, no me ha adelantado nadie! Al cruzar el río miro atrás y sigo solo. El siguiente por delante dicen que me lleva 10′. Está claro, el grupo de los buenos, como siempre, es inalcanzable. Me centro en que no me den caza, pero haciendo mi carrera… Y voy bien. Pero se me vuelve a atragantar el último trozo de la subida a la dichosa Trona. Y ya oigo a alguien respirar a mi espalda. No hay nada que hacer.

Aguantar… Aguantar… Aguantar… Y que me pase en la bajada de la última “V” final. Le intentaré pillar después en el último repecho. Y así es… O casi. Aguanto, llaneo, me pasa bajando y…”Clack”. Clavadito en la subida desde Valldeneu. “Adeu chico, nos vemos en meta”, pienso, y cuando me desencallo el cuadriceps izquierdo tiro como puedo para desde arriba y recuperando la sonrisa me dejo ya caer hasta la meta en Aiguafreda. Otra vez justito de fuerzas al final. Otra vez dejando algo pendiente para el año que viene. Otra vez…


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arrow1 Response

  1. 25 mos ago

    Sin duda alguna,… el motivo era esa camiseta!!!

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